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De Sorpresa en Sorpresa

Escrito por el mayo 4, 2019

LUCAS 5:12-16

“Sucedió que estando él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra, el cual, viendo a Jesús, se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme”. Luc 5:12

Hay muchas vivencias que nos causan gran regocijo cuando nos acordamos de ellas. En mi caso, aquellas que fueron sorpresivas son las que mas recuerdo.  Por ejemplo, recuerdo mucho el día que mi esposa me dijo que si, fue una sorpresa, pues nunca pensé que esa belleza contestara afirmativamente.

Hoy quisiera hablar sobre sorpresas en la vida de un hombre,  que la Biblia nos enseña navego por las sorpresas de la vida, que lo llevo casi a la muerte. Sin embargo, al final, todo cambio por la intervención de un hombre único y maravilloso llamado Jesús. Te animo que observemos la vida de este hombre que las escrituras llaman el leproso.

DE SORPRESA EN SORPRESA

I. TU TIENES LEPRA

Nuestra historia comienza con este hombre que ni Lucas llama por su nombre, es llamado tristemente el leproso. Se nota por su condición que tenía años con esta enfermedad, pues el escritor menciona que estaba lleno de lepra.

¿Dónde comenzó la historia? bueno con una sorpresa. Una mancha en la piel blanquecina que anunciaba posiblemente que algo no estaba bien, la expansión de la misma, luego la visita donde el sacerdote que después de ciertas ordenanzas debería de estipular si la persona estaba enferma con la temida enfermedad que en aquel tiempo no tenía cura.

En efecto el día llego en que el sacerdote anuncio el momento no esperado. TIENES LEPRA. En ese momento aquel hombre perdió su familia, sus amistades, su morada y su vida. No podía según la ley seguir viviendo en aquella ciudad, la noticia era tan devastadora que ahora debería mover su residencia al lado de otros leprosos en alguna caverna, vivir de caridad, no poder relacionarse con nadie más y esperar en sufrimiento su muerte. Sorpresa: Lo haz perdido todo.

II. UN LEPROSO EN LA CIUDAD

Nuestro pasaje también nos dice que aquel día fue un día sorpresivo en aquella ciudad donde había entrado Jesús. Un suceso increíble en la vida de los ciudadanos, pues el leproso lleno de llagas había roto las ordenanzas y en medio de su desesperanza se animó a ir a la ciudad. ¿Tenía posibilidad siquiera de entrar a la ciudad? Creo que ninguna.

La historia del leproso, nos muestra una persona sin salida, que más podría perder, si ya lo había perdido todo. Escucho que Jesús, uno ya famoso estaba en la ciudad, maestro, sanador y una esperanza para él. Se animó, se armó de coraje, de fe y se aventuró a morir incluso en el intento. Era posible que los guardas de la ciudad, en pos de proteger a toda la población, le quitaran la vida en el intento.

El pasaje nos describe, que de algún modo él llegó hasta donde Jesús. ¿Será que la multitud, incluyendo los guardas habían corrido tras Jesús? Muy posible. Pero que sorpresa para toda la multitud que le seguía (Mt 8:1-2) Al ver que un leproso quería hacerse camino hacia el maestro. Los gritos de peligro, rechazo, repudio, de dolor al verle y el dedo acusador eran parte del momento.

¿Te has sentido así, rechazado, repudiado, señalado por aquellos de tu alrededor? Así es este mundo aún, el hombre rechaza al hombre, por su color, religión, afiliación política, creencias, posición económica y la lista sigue. Nada a cambiando desde los días del leproso.

III. JESUS  TOCO AL LEPROSO

¿Puede notar el acercamiento de este desdichado a Jesús? En total fe, reverencia y humillación. El pasaje dice que al ver a Jesús se postró en tierra y le rogaba por ayuda. No había forma de exigir, demandar o solicitar, solo había la posibilidad del ruego. ¿Lo puedes ver? Su cuerpo desbaratado por las llagas, la ropa que se le pega a la piel y el olor en su cuerpo. ¿Lo recibirías tú? Casi seguro que no!

Sin embargo, las sorpresas no habían terminado. El pasaje dice que Jesús extendiendo la mano le tocó. Si, aunque no lo creas, Jesús puso sus manos sobre aquel leproso. Que sorpresa más grande para aquella criatura postrada y suplicante. Años habían pasado, sin tener la experiencia de que una persona sana le expresara ternura de esta manera. En mi caso, para mí el día hubiera concluido en felicidad. El maestro me ha tocado, no sintió asco hacia mí y me a puesto sus santas manos. Todo paso porque Jesús sintió misericordia, así es el bondadoso corazón de Jesús.

Pero este no es el fin de la historia, ese día Jesús tocó también su alma. Aquel corazón palpitaba al mil por uno, no sabía qué hacer con aquella mano en su cuerpo, pero el sentido de gratitud lo inundaba. La historia no había terminado, sabemos por el texto, que Jesús también restableció la salud de aquel desesperado. Las sorpresas continuaron cuando escucho la voz de Jesús diciendo: Quiero sé limpio.

Allí estaba el único que tenía poder para limpiarlo y librarlo de aquel sufrimiento. El hijo de Dios, Dios en la carne, el Todopoderoso, creador de los cielos y la tierra. Dios mismo lo había visitado para su sorpresa aquel día. Esa experiencia lo cambiaría para siempre, el día que se animó a buscar al misericordioso y compasivo Jesús.

IV. ¿ES ESE EL LEPROSO?

Al final, el día terminaría con algunas órdenes de parte de Jesús. Presentarse a los sacerdotes y además guardar silencio sobre el evento (Mr 1:44). Sin embargo, aquel que por años había sido un leproso, ahora se ve en la trama de guardar silencio o tener que explicar a la gente, que con asombro dirían al verlo ¿Es ese el leproso? ¿Cómo fuiste sanado? Indudablemente fue una tarea difícil de cumplir.

Increíblemente, ahora ese hombre se vuelve uno que anuncia lo que había hecho Jesús. Marcos 1.45 narra: Pero ido él, comenzó a publicarlo mucho y a divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes.

De paso en paso, la pregunta seria la misma ¿Es ese el leproso? Si ese era el leproso, pero ahora es uno que cree en Jesús, que proclama a Jesús con su vida y con sus labios. ¿Sorpresivo verdad el final de la historia? El día había comenzado con tristeza, oportunidad, fe, un toque, sanidad y restauración. Ahora, aquel hombre había recobrado, lo que la enfermedad le había quitado, su familia, sus amigos, la oportunidad de regresar a su hogar, trabajar y tener una vida normal, pero también impactada por Jesús.

V. TU Y YO SOMOS LEPROSOS

La Biblia usa la lepra como un símbolo del pecado. ¿Sabías que tú y yo somos pecadores? Romanos 3:23 dice: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” Así que tú y yo somos espiritualmente leprosos, sin solución en nosotros mismos. Alguien dijo:

  1. a) Como la lepra está en la sangre, así el pecado está en la naturaleza humana.
  2. b) Como la lepra comienza como una marca insignificante y crece rápidamente, así la acción del pecado es progresiva y se extiende a todos los aspectos de la vida.
  3. c) Como la lepra es repugnante y casi incurable, así el pecado es malo e irremediable, aparte de la curación efectuada por Jesucristo.
  4. d) Como la lepra separaba al leproso de los demás y por fin producía la muerte, así el pecado nos separa de Dios y de los demás y termina con la muerte eterna. Realmente es muerte en vida.[1]

Sin embargo, el mismo que curó al leproso, es el único que puede curar nuestra lepra espiritual,  llamada pecado. Piénsalo, el pecado nos ha robado la familia, la paz, la salud, la vida y un día la vida eterna. Por eso, te ánimo a acercarte a Jesús, del mismo modo que  lo hizo el leproso, en humillación y fe en aquel que murió en la cruz del calvario por nuestros pecados. Solo él puede perdonar nuestro pecado, restablecer nuestra vida y darnos vida eterna.

  • Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Juan 3:16
  • Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Juan 1:12
  • Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo. Tito 3:5
  • Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os exaltará. St 4:8-10

[1] Hoff, P. (1978). El Pentateuco (p. 190). Miami, FL: Editorial Vida.