Devocional 1 Timoteo 2:9-15

Escrito por el mayo 13, 2019

*Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos; sino con buenas obras, como corresponde a las mujeres que profesan la piedad. Que la mujer aprenda calladamente, con toda obediencia. Yo no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada. Porque Adán fue creado primero, después Eva. Y Adán no fue el engañado, sino que la mujer, siendo engañada completamente, cayó en transgresión. Pero se salvará engendrando hijos, si permanece en fe, amor y santidad, con modestia.*

  (1Timoteo 2:9-15)

El pasaje que nos toca abordar hoy ha sido (y seguirá siendo) muy controvertido, al menos la segunda parte. Hay aquí dos pedidos dirigidos especialmente a las mujeres.

El primero de ellos, la piedad sobre la ostentación. Aunque este principio es válido para ambos géneros, es evidente que en Éfeso había algún problema con la comprensión de lo que realmente debe adornar a una mujer cristiana. ¿Está mal que una mujer cristiana se maquille, se peine, se arregle y use ropa linda? No, e incluso es deseable, si lo que busca es agradar a su esposo y reflejar la belleza de la gracia del Señor. Como siempre el evangelio apunta al corazón. Porque es posible que una mujer cristiana esté llena de orgullo y se considere mejor a las demás porque ella no usa esas “superficialidades” como el maquillaje y demás. Ahora bien, el adorno de una mujer piadosa es un corazón transformado por el Espíritu del Señor, que refleja Su Amor, Su Misericordia, Su Bondad.

El otro tema es si la mujer puede enseñar en la iglesia. Pablo le dice a Timoteo que no. Si entendemos esto literalmente, la mujer no debe enseñar en la iglesia (al menos a los hombres), sino permanecer callada.

Ahora, en este sentido debemos considerar que este es un mandato que Pablo da a Timoteo, para Éfeso, mientras que Las Escrituras nos muestran a muchas hermanas sirviendo al Señor. La reconocida colaboradora de Pablo, Priscila, enseñó a Apolos, el gran predicador (Hechos 18:24-26). Además, con frecuencia Pablo menciona a otras mujeres que tenían posiciones de responsabilidad en la iglesia. Febe trabajó en la iglesia (Romanos 16:1). María, Trifena y Trifosa eran obreras del Señor (Romanos 16:6, Romanos 16:12) así como lo fueron Evodia y Síntique (Filipenses 4:2). lncluso el propio Pablo reconoce que las mujeres públicamente oraban y profetizaban en Corinto, y no cuestiona eso sino el desorden (1 Corintios 11:5). Y más, en este pasaje se dice que las mujeres “aprendan” en silencio (algo totalmente inaudito para la cultura de la época, que se les permita aprender).

Ahora bien, es importante señalar que en el orden de Dios, en la familia, y en la iglesia, Dios ha otorgado la responsabilidad del liderazgo a los varones (que muchas veces fallan en ejercerlo, con piedad, sabiduría, firmeza y amor).

Finalizamos diciendo que era Éfeso un lugar en el que pululaban los falsos maestros, que las mujeres eran su blanco preferido y que es probable que esta sea la causa del mandato de Pablo.

Sin dudas es un tema para pensar, estudiar y pedir la guía del Señor para abordarlo desde Las Escrituras y no nuestros prejuicios o preconceptos.

Dios nos bendiga!


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