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Principios Misionológicos Encontrados en Hechos 13 y 14

Escrito por el mayo 30, 2019

Introducción

La iglesia a través de la historia ha tratado de establecer principios bíblicos que le ayuden a tener un patrón o regla que le permita guiarse en las diferentes áreas del ministerio. En este trabajo, queremos analizar muy detenidamente los capítulos 13 y 14 del libro de Hechos, con el fin de identificar y discutir algunos Principios Bíblicos y Misionológicos, que en esta sección tan importante sobresalen, y que han sido tan indispensables en el que hacer de las misiones en la iglesia a través de su historia.

Podemos definir el termino Principios como un “Enunciado de una relación básica entre hechos, que ha sido bien verificado mediante pruebas empíricas, es ampliamente aceptado como verdadero y usado para derivar hipótesis y para descubrir nuevos hechos. Es una regla o norma de procedimiento aceptada por un grupo.[1] Partiendo de esta definición, trataremos de descubrir y discutir cuatro principios los pasajes mencionados, sin dejar de mencionar que sobresalen muchos más.

 I. La unidad en la Iglesia misionera.

El primer principio que se nos hace notable en esta sección es la unidad que existía en Iglesia. Es muy claro en el libro de Hechos, el poder manifiesto del Espíritu Santo cuando en la Iglesia hay unidad. Notamos que a pesar de que existían en esta Iglesia dos tipos de líderes, los profetas y maestros, (Hch 13:1) y a la vez, había alguno de ellos con mayor conocimiento de las escrituras, en el caso de Paulo, no se nota ninguna fricción entre el liderazgo. Esta unidad se ve primeramente en la búsqueda de Dios. Estos hombres buscaban apasionadamente a Dios. Podemos ver como estos “ministraban y ayunaban” juntos, el uso del plural en ambos casos y el uso del pronombre “éstos” (Hch 13:2), nos expresan la realidad de una búsqueda apasionada. Estaban unidos en la búsqueda de Dios. Es necesario considerar, que esta acción no era esporádica, sino más bien continua en la vida de esta iglesia. El uso del presente, activo, participio en el griego, denota una acción continua en la vida de estos líderes.

También es notorio que hubo unidad en toma de decisiones y aprobación de lo que el Espíritu les había comunicado (Hch 13:2). Vemos que después de la orden del Espíritu de “Apartadme” (Hch 13:2) lo primero que hicieron en unidad fue buscar nuevamente el rostro del Señor “ayunando y orando” (Hch 13:3).  Solo hasta que hicieron esto juntos, fue que tomaron el siguiente paso. Necesita haber unidad en la toma de decisiones en la Iglesia y acá la había. También vemos que todos aprobaron el enviar a los dos misioneros, esto es claro cuando Lucas nos dice que “les impusieron las manos” (Hch 13:3), ponga su vista en la forma plural del verbo. Igualmente vemos la unidad al enviarlos fuera de la Iglesia, “los despidieron” (Hch 13:3) de principio a fin se nota la unidad en esta Iglesia que está a punto de comenzar la obra misionara.

Podemos resaltar que, en nuestra actualidad la obra misionera en muchos lugares no prospera por las muchas divisiones que existen en la Iglesia. Esta unidad fue mantenida en la vida de estos misioneros. “Sin unidad en la Iglesia no puede haber una obra misionera que impacte y avance”, “el peor enemigo de la obra de Dios son las divisiones”.  

II. La dirección del Espíritu Santo en la obra misionera.

Si bien es cierto, la unidad es importante en la obra misionera, también debemos de notar que la dirección del Espíritu Santo juega un papel fundamental en la obra misionera. Este segundo principio lo notamos en el mandato de inicio de la obra, “Apartadme” (Hch 13:2) una forma imperativa en el texto original que implica un mandato. El Espíritu Santo dirige el inicio de la primera la obra misionera.

Pero no solo dirige el inicio, sino también dirige la selección de los que iban a participar en dicha misión. Él fue muy específico al decir a “Bernabé y Saulo” (Hch 13:2). Cuando diferente son las elecciones de los que participan en nuestras actuales misiones, muchas veces me suenan más bien, como que somos nosotros los que escogemos a los que nos gustarían que participaran en los viajes misioneros.

También notamos que el Espíritu Santo dirige a estos hombres a algo específico, cuando dice “para la obra a que los he llamado” (Hch 13:2) esta era una obra específica, que no consistía en otra cosa que no fuera la predicación de las buenas nuevas de salvación, esto fue lo que inmediatamente hicieron cuando tuvieron la oportunidad, “anunciaban la palabra de Dios” (Hch 13:5).

Creo que nuestras iglesias deberían de definir cuál es la obra especifica que Dios ha llamado a la Iglesia a hacer en las misiones, el predicar la palabra en primer lugar, no fue el construir un edificio, ni repartir medicamentos, ni cubrir a los desnudos, ni saciar el hambre, sino el predicar la palabra, no digo que lo demás no sea importante, pero me parece que la hemos ubicado antes que la Palabra de Dios.

También vemos la dirección del Espíritu en la guía continua en la obra. Vemos en Hch 13:4 esta frase: “entonces, enviados por el Espíritu Santo” (Hch 13:4). No solo los había seleccionado, y dirigidos a que predicar, sino que los dirigía porque lugares deberían de ir. Tal vez en necesario que en nuestra actualidad consideremos este aspecto, a donde quiere el Espíritu que vayamos, a donde nos quiere enviar. Por último, podemos inferir que el Espíritu dirige a los hombres que usa al capacitarlos de una forma única para la obra, vemos que ellos llenos del Espíritu hacían grandes señales (Hch 13:9), milagros (Hch 14:3; 10).

Todo esto nos lleva a recapacitar en la importancia de la dirección activa del Espíritu Santo en las misiones. Esto solo puede suceder en una Iglesia que continuamente busca la presencia de Dios. El Espíritu no se manifestó sino hasta después de que “Ministraran al Señor y ayunaran en unidad” (Hch 13:2) este debería de ser un llamado profundo a la reflexión a nuestras vidas e iglesias.

III. Las cualidades necesarias en un Misionero.

Este tercer principio que encontramos para la obra misionera, se refleja en las cualidades que posee el hombre a ser enviado al campo misionero. Por experiencia, he participado en viajes misioneros donde cualquiera puede ser parte de ellos, lo único que necesitas es el dinero necesario para participar, sin tomar en cuenta la vida del mismo. Sin embargo, esto es contrario a los que podemos observar en la Iglesia de Antioquia.

Notemos algunas cualidades de estos hombres escogidos. Primeramente, notamos a pesar que era una iglesia constituida, lo que nos hace pensar en muchos más miembros que los cinco mencionados en Hch 13:1, el Espíritu no selecciono a otros sino a aquellos que sin duda alguna eran reconocidos por la iglesia como líderes. Estos gozaban de un cargo, eran maestros y profetas, poseían cualidades que los demás podían observar en sus vidas. Se nota en ellos, un estado espiritual superior al de la congregación. Estos eran los que continuamente ministraban, oraban y ayunaban ante Dios (Hch 13: 2; 3).

Además, eran hombres sensibles al Espíritu Santo, pues se pusieron en marcha al escuchar el mandato de Dios (Hch 13:2-3). A la vez eran hombres de Fe, pues no ponían trabas al ser enviados a lugares que tal vez para ellos eran desconocidos, donde no sabían que les podía pasar, simplemente le creyeron a Dios (Hch 13:4). También notamos que eran hombres celosos de la Palabra de Dios. Cada vez que tenían oportunidad, lo primero que hacen es compartir la Palabra de Dios (Hch 13:5, 16-41, 44- 49; 14:7, 21, 25) nótese el resultado del celo que tenían; “Y la palabra del Señor se difundía por toda aquella provincia” (Hch 13:49), este celo se mantuvo por todos los lugares que ellos visitaron, su compromiso era el predicar la palabra.

Así mismo notamos que eran hombres persistentes en su llamado, habían sido reclutados para una misión importante y no había enemigo que los podía frenar, entendían que era necesaria la persistencia. Lo notamos al moverse de lugar en lugar, al enfrentar hombres malvados como el mago Barjesús (Hch 13:9-11), al mantener su predica con los judíos que no querían escuchar. En cada ocasión primeramente buscaban las sinagogas (Hch 13:5; 14; 14:1). Fueron persistentes, al estar bajo peligro, pues nunca desfallecieron (Hch 13:50; 14:5-6, 19-20), la persistencia fue parte de su mensaje de exhortación a los creyentes (Hch 14:22). Si duda, eran hombres que poseían esa bella cualidad, de “la persistencia”.

También vemos su responsabilidad en la obra. Esta es otra cualidad de estos misioneros, terminaron lo que comenzaron. Lucas nos lo dice así: “la obra que habían cumplido” (Hch 14:26) no solo cumplieron, sino que su responsabilidad les llevo a dar un reporte de lo que habían hecho a la Iglesia que los había mandado (Hch 14:27)

y por último, debemos de notar la cualidad más sobresaliente a mi ver, humildad. Al reportarse en ningún momento trataron de exaltarse ellos por lo que habían logrado, sino que estos hombres piadosos dieron la gloria y honra al único que la merece, a su Dios. Sus palabras son más que claras al respecto, “Y habiendo llegado, y reunido a la iglesia, refirieron cuán grandes cosas había hecho Dios con ellos, y cómo había abierto la puerta de la fe a los gentiles” (Hch 14:27) (cursivas mías). No fueron ellos quienes habían hecho algo, sino Dios, no eran ellos los que abrieron la puerta a los gentiles a salvación, sino Dios.

Todas estas cualidades deberían de ser consideradas en nuestro entorno hoy. Me pregunto, ¿Será que muchos de los resultados adversos que escuchamos, vemos y compartimos a veces, son producto de la falta de cualidades en la vida de los misioneros? Creo que a como contestemos, cambiaria nuestra percepción al escoger a quien enviar.

IV. La oposición en la obra misionera.

Alguien dijo alguna vez, “Si no ve oposición en la Obra de Dios, preocúpese, porque tal vez esta obra no sea de Él”. Siempre ha habido oposición en la obra de Dios y especialmente en la obra misionera. Póngase a hacer la obra de Dios, con ella también ha puesto en movimiento a Satanás. El enemigo puede hacerse manifiesto en muchas formas. Vemos que puede manifestarse por medio de la magia, esto es claro en la oposición del mago Barjesús (Hch 13:6-11) tratando de que un hombre importante alcance salvación.

La oposición también se podía hacer manifiesta por medio del desánimo causado por las bajas en el campo. Juan Marco había desistido de la obra (Hch 13:13) aunque no sabemos por qué, si sabemos que esto había afectado a dichos misioneros y que este incidente daría como resultado la separación de estos hombres de Dios (Hch 15:36-37).

Notamos también que Satanás puede usar la falsa religión para oponerse contra lo que Dios quiere hacer. Los judaizantes se opusieron a esta obra misionera grandemente, a tal punto que trataron de matar a Pablo (Hch 13:44 – 45, 50 – 51; 14:2, 19). La oposición los llevo a huir (Hch 14:5), pero nunca a desistir. Estos hombres entendieron que la oposición era parte de la obra misionera, que en tanto ellos cumplieran la obra de Dios, el maligno trataría de sacarlos del campo a través de muchos medios. No miraron esto como un obstáculo, sino como una oportunidad de glorificar a Dios en medio de oposición, pues ellos comprendieron que “es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (Hch 14:22).

Podemos terminar diciendo que la oposición estará siempre presente, cuando los hijos de Dios estén haciendo la obra de su padre, por lo que no nos debería de extrañar, sino mas bien alegrar, pues la obra esta tan buena que hace que Satanás se turbe y ponga a trabajar horas extras.

Conclusión

Podemos concluir en este trabajo, enmarando los cuatro principios que hemos estudiado en esta sección de Hechos 13-14. Notamos como primer principio a la unidad en la Iglesia misionera. No puede haber resultados impactantes en una Iglesia que está dividida en lo que piensa y hace. La división solamente va en contra de la obra de Dios. La Iglesia necesita mayor unidad en su caminar en la tierra, si aspira a ser efectiva. El segundo principio es la dirección del Espíritu Santo en la obra misionera. El tratar de hacer misiones si la dirección del Espíritu Santo, sería como montarse y tratar de guiar un vehículo que no tiene timón. La dirección del Espíritu es de suma, diría yo, de primera importancia en las misiones. Si es que hemos de desear hacer la voluntad de Dios en las misiones, deberíamos de buscar su dirección siempre, menos que esto es hacer la obra por nuestra propia cuenta. El tercer principio se basa en las cualidades del misionero. No todo instrumento puede ser útil en las manos de Dios, pero aquellos que poseen las cualidades que enumeramos, entre ellas liderazgo, obediencia, piedad, perseverancia, humildad, son medios que Dios puede usar grandemente para su gloria. Por último, el cuarto principio que consideramos fue la oposición. Debemos de considerar y recordar que estamos en medio de una guerra espiritual, no contra sangre ni carne, por lo que deberíamos de estar preparados y no amedrentarnos con algo que sabemos que va a suceder en la obra. ¿Sera la oposición más grande que nuestro Dios creador? “Jamás”.

A medida que comprendamos estos cuatro principios, estaremos más capacitados como Iglesias e individuos a hacer misiones más impactantes en este mundo necesitado tanto de ellas.  Mi mayor deseo es que dejemos de saber y comencemos a hacer. El reto de mi vida es el poder poner en obra estos principios Misionológicos.

[1] Deiros, P. A. 1997. Diccionario Hispano-Americano de la misión. COMIBAM Internacional: Casilla, Argentina


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