Devocional Colosenses 2:16-23

Escrito por el junio 19, 2019

*Por tanto, que nadie se constituya en vuestro juez con respecto a comida o bebida, o en cuanto a día de fiesta, o luna nueva, o día de reposo; cosas que sólo son sombra de lo que ha de venir, pero el cuerpo pertenece a Cristo. Nadie os defraude de vuestro premio deleitándose en la humillación de sí mismo y en la adoración de los ángeles, basándose en las visiones que ha visto, hinchado sin causa por su mente carnal, pero no asiéndose a la Cabeza, de la cual todo el cuerpo, nutrido y unido por las coyunturas y ligamentos, crece con un crecimiento que es de Dios. Si habéis muerto con Cristo a los principios elementales del mundo, ¿por qué, como si aún vivierais en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: no manipules, no gustes, no toques (todos los cuales se refieren a cosas destinadas a perecer con el uso), según los preceptos y enseñanzas de los hombres? Tales cosas tienen a la verdad, la apariencia de sabiduría en una religión humana, en la humillación de sí mismo y en el trato severo del cuerpo, pero carecen de valor alguno contra los apetitos de la carne.*

Colosenses 2:16-23 LBLA

En el corazón del Evangelio está Cristo, nuestro Salvador, nuestro Señor, el que nos limpia de todos nuestros pecados y por su Espíritu transforma día a día nuestras vidas.

Crecemos en santidad, a imagen de Cristo, no por medio de prácticas tales como comer solo ciertos alimentos, no ir a determinados lugares, no juntarnos con determinadas personas sino por estar asidos a Cristo. Él es la cabeza de su cuerpo, que es la iglesia. Lo que necesitamos es estar unidos a Él, dependiendo de Él, confiando en Él.

Hay cosas que no practicamos, lugares o ambientes que no consideramos convenientes, pero todo eso es nada sin Cristo.

Alguno podría pensar que llevar una vida modesta en su apariencia externa lo haría más santo, y sin embargo Pablo dice que están hinchados sin causa, ya que nuestras prácticas son esfuerzos inútiles por agradar al que ya nos hizo agradables al Padre.

En el centro del Evangelio está Jesús, y el milagro más grande del Evangelio es el poder de transformar por completo un corazón rebelde y duro como el que teníamos por un corazón sensible al amor de Dios y que quiere agradarle. Dios mira nuestro corazón.

Que siempre tengamos presente que somos aceptados en Cristo, que todo lo que el Señor nos manda a hacer en Las Escrituras es posible solo en completa dependencia de Su Espíritu, y sobre todas las cosas, que somos de Él!

Qué Dios nos bendiga en esta semana!


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