Las 70 Semanas en Daniel

Escrito por el julio 12, 2019

INTRODUCCIÓN

 

I. Definición de las escuelas de Interpretación Bíblica

El amilenialismo

El premilenialismo

II. Fondo Histórico del pueblo de Israel

Pacto de Dios con Abraham

Pacto de Dios con David

El Nuevo Pacto

III. La oración de Daniel (Daniel 9:3-19)

Daniel apela a la promesa y carácter de Dios

Daniel recibe de Dios la respuesta de acuerdo a su promesa

IV. Anuncio de las setenta semanas a Daniel (Daniel 9:24)

Dirigida al pueblo de Daniel y su santa ciudad

Seis fines deben realizarse para su fiel cumplimiento

V. Tiempo inicial y división de las setenta semanas (Daniel 9:25-26)

Tiempo estipulado para dar inicio a la profecía

División de las Setenta Semanas

VI. Conclusión de las setenta semanas

Confirmación del pacto con Israel

Comienzos de los dolores para Israel

CONCLUSIÓN

BIBLIOGRÁFICA

 

 

INTRODUCCION

Vivimos en un mundo en contantes cambios, guerras, miserias, sufrimientos y enfermedades incurables; con la existencia del mismo pendiendo de un botón, dirigiéndose a desaparecer por la influencia destructora del hombre.  No sería difícil decir que estamos viviendo los últimos años de este planeta. En medio de estos acontecimientos y siendo conocedores de la Palabra fiel de Dios, no estaría de más tomar el ejemplo de Daniel al explorar diligentemente en las profecías de Jeremías para indagar cuanto tiempo restaba a la cautividad de Israel.  Así que, podemos echar un vistazo y contemplar que nos dice Dios por medio de este profeta acerca de los últimos tiempos, teniendo en cuenta el llamado a velar, y a la postre poseyendo mayor ventaja que el famoso profeta por dos cosas: en primer lugar, poseemos la Palabra completa de Dios en nuestras manos, y en segundo lugar, la guía del Espíritu Santo en nuestras vidas. Con estas dos credenciales a nuestro favor, queremos escudriñar diligentemente la revelación escatológica dada a Daniel en el capitulo 9 de este libro, conocida como las setenta semanas, ésta, en relación con el pueblo de Israel y el reino mesiánico.

Este estudio pretende establecer claramente la relación que hay entre estos tres puntos antes mencionados, a la luz de la Palabra de Dios, tomando como directrices los pactos hechos con Israel que aún no ven su cumplimiento.  Además, tomamos en cuenta, los eventos históricos de ese periodo en que se desarrolla la profecía, por medios de una hermenéutica sana, Histórico- Gramatical- Literal, en torno de un ejercicio comparativo de dos escuelas de interpretación bíblica: la amilenialista y la premilenialista. Hacemos una exposición de ambas, apoyándonos o refutándolas con las Sagradas Escrituras, consultando a teólogos reconocidos, escritores de renombre, expertos en profecías y todo aquel recurso veraz que nos permita cumplir con esta misiva. Este ejercicio, nos podrá llevar a establecer cuál de ellas nos da un cuadro más creíble de dicha profecía, que a la vez nos dé luz suficiente para poder entender en su totalidad, el tema en cuestión.

Sabemos que el tema es arduo y delicado; pero entendemos, que nos han sido dado para gran beneficio, Pablo lo expresa así en Romanos 15:4 “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que, por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza”. Así podemos observar las muchas bendiciones prometidas por el hecho de estudiarlas y entenderlas, produciendo en nuestras vidas esa tan necesaria paciencia y esperanza que se producía en nuestro ser al ver a nuestro Dios actuando en medio de la historia de la humanidad. Sumerjámonos pues, sin temor en las bellas y profundas palabras escritas para nosotros, si, nosotros, aquellos que atentamente indagamos en la palabra profética más segura. Dios nos acompañe en este caminar.

Este trabajo está dirigido a todo aquel estudioso de la palabra que sienta el deseo de ahondar el las Sagradas Escrituras y que quiera ser edificado y fortalecido por la Palabra de de su Dios y Salvador, tanto pastores, maestros, estudiantes como la iglesia en general.

 

I. Definición de las escuelas de Interpretación Bíblica

A como expresamos en nuestra introducción, será de suma importancia entender las posturas de las diferentes escuelas de interpretación bíblica en nuestros días, por lo que daremos una pequeña definición de la mismas; así, comprenderemos mejor como interpretan las sesenta semanas de Daniel y su relación con Israel y el reino mesiánico.

  • El amilenialismo

Las creencias que sostienen los representantes de esta escuela por lo general son muy

parecidas y todas señalan a que no va a haber milenio y que el trato de Dios con Israel ha terminado; aunque hay muchos que definen esta escuela a nuestro parecer, Ryrie maestro y escritor de renombre nos da una mejor descripción, proponiendo lo siguiente:

El amilenialismo es el punto de vista, concerniente a las últimas cosas, de que no habrá Milenio antes del fin del mundo. Hasta el final habrá un desarrollo paralelo del bien y del mal, del reino de Dios y del de Satanás. Después de la segunda venida de Cristo, al final del mundo, habrá una resurrección general y un juicio general de todas las personas.[1]

De esta definición podemos sugerir primero, que no ven a Israel en su enseñanza, ni presente ni futura, por lo tanto el pacto Palestino y el Davídico no han de cumplirse, ya que según ellos ya tuvieron cumplimiento; por otro lado, rechazan la enseñanza de un reino milenial muy bien presentado en las escrituras; esto da como resultado que las setenta semanas descritas en Daniel 9 les sean muy difíciles de entender y por ello tengan que recurrir a una interpretación alegórica, no literal para poder entenderla.

  • El premilenialismo

La escuela premilenialista presenta a nuestra manera de ver, una forma de interpretación más sana que la antes mencionada, utilizando en sistema Histórico- Gramatical- Literal, que se hace más creíble su forma de exponer las setenta semanas de Daniel; podemos definir a esta escuela según Ryrie de la siguiente manera:

El premilenialismo es el punto de vista que mantiene que la segunda venida de Cristo ocurrirá antes del Milenio, el cual verá el establecimiento del reino de Cristo en esta tierra por mil años literales. También entiende que habrá varias ocasiones en que se efectuarán resurrecciones y juicios. La eternidad comenzará cuando se concluyan los mil años. Dentro del premilenialismo hay los que mantienen diferentes puntos de vista concernientes al tiempo del Rapto.[2]

Esta línea de pensamiento afirma que habrá un milenio literal a como lo afirma la escritura, además que los pactos afirmados por Dios con Abraham y David deben de cumplirse en un futuro, estando estos relacionados directamente con el tema en cuestión. Así teniendo un panorama de las dos posturas podemos emprender nuestro caminar, tratando de rescatar lo mejor de éstas, siguiendo el buen consejo de la palabra de Dios, “No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno” [3], además tomando este bello ejemplo: “Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.” [4], pues debemos de recordar que nuestra máxima autoridad en la palabra de Dios.

 

II. Fondo Histórico del pueblo de Israel

  • Pacto de Dios con Abraham

Para poder comenzar este estudio, debemos de remontarnos miles de años atrás en las narraciones de las sagradas escrituras, en especial en los pactos que Dios estableció con Abraham y su simiente. Es a partir de acá, que podemos apreciar en su totalidad la importancia de las setenta semanas de Daniel, su relación con Israel y el reino mesiánico. La relación es a nuestro parecer la siguiente: Dios establece un pacto con Abraham que tendría completa relación en todo el desarrollo de la historia de Israel a través de su simiente, la promesa de una tierra y de un reino eterno. Este último, sería el pacto que establecería más tarde con uno de sus descendientes, a estos se suma el nuevo Pacto que Dios confirmara el reino milenial. Estos pactos no se han cumplido, pero verán su cumplimiento luego de los planes que Dios desarrollará en la semana 70 con Israel en el reino mesiánico.

El primer pacto lo vemos en Génesis 12:7; 13:15; 15:18 y 17:7. Este pacto inmutable en su carácter, establece que Dios daría la tierra de Canaán a su descendencia para siempre (Gn. 13:15), esta tierra poseería ciertos linderos (Gn 15:18) donde habitaría el pueblo. Al revisar la historia de Israel nos percatamos que ellos nunca han tenido esta tierra, ni por la perpetuidad, ni en su totalidad, a como lo expresa Hoff: “Israel nunca ha ocupado toda la tierra que Dios le prometió…”[5]  por lo que siendo Dios quien expresa esta promesa, lo único que se puede esperar es su cumplimiento literal, a como sucedió con todas las promesas que hizo a Abraham.

  • Pacto de Dios con David

Por otro lado, el pacto establecido con el descendiente de Abraham, David, en 2 Samuel 7:12-16, establece un reino eterno, éste, a la luz de Salmo 89:35-36; Jeremías 33:21, vemos que es inmutable. Este dicta así: “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo.[6]  Acá es claro el pasaje, la promesa es: levantaré en un futuro a uno de tu descendencia, para poseer un reino que será por siempre, si bien es cierto David tuvo sucesores en su trono. Nunca se ha visto este reino eterno en Israel, claro esto se cumplirá en el final de los tiempos, por lo que esta promesa apunta hacia el reino milenial, luego del cumplimiento de las semanas proféticas de Daniel (Daniel 7:14). Así podemos apreciar la completa relación de los tres puntos en discusión.

  • El Nuevo Pacto

Dios a pesar de la gran infidelidad de su pueblo al no cumplir el pacto que estableció con Israel en el monte Sinaí, promete que establecería un nuevo pacto con su pueblo.  Pacto que podemos leer en Jeremías 31:31-34. Éste resalta por estas características: “…Primera, no será necesario estimular al pueblo a conocer a Dios, porque todos le conocerán. Tal conocimiento significa no sólo un conocimiento del carácter y caminos del Señor, sino que es personal, e implica un compromiso de la voluntad. Es una respuesta a su conocimiento de nosotros, que es también un compromiso total de él mismo. Segunda, Dios perdonará los pecados del pueblo de una manera nueva y decisiva”[7]. No hay duda, que Dios cumplirá sus promesas, su misma palabra lo asegura: “Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? [8]. Por lo que podemos estar seguros de que estos pactos se cumplirán en su totalidad. Ahora, teniendo en nuestra mente los pactos aun vigentes de Dios hacia Israel, podemos comenzar nuestro recorrido por las setenta semanas de Daniel y ver como se relacionan estrechamente.

 

III. La oración de Daniel (Daniel 9:3-19)

  • Daniel apela a la promesa y carácter de Dios

En toda la escritura, notamos que los siervos de Dios, han comprendido que él es fiel a su palabra. Bajo este conocimiento, Daniel observa en las escrituras que Dios había establecido un tiempo específico, exacto, por medio del profeta Jeremías (25:11-12; 29:10) con respecto al tiempo en que Israel sería librado del exilio Babilónico, estado que era consecuencia de su desobediencia al no dejar descansar la tierra (2 Cor. 36:21).  La oración de Daniel nos hace ver que sin duda había estudiado profundamente al profeta en cuestión, debido a cómo podemos observar, el volverse a Dios en oración, parecía un requisito para que se pudiera llevar a cabo la promesa. Esto lo observamos en Jeremías 25:12-14, donde Dios les hacia saber que tenía pensamientos de bien, pero, Israel debía buscarle, clamarle de lo más profundo del corazón y como resultado según el versículo 14 “… seré hallado por vosotros, dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad”[9].  Aquí Daniel obedece al pie de la letra según podemos leer en Daniel 9:3-19, clama a Dios en nombre de Israel, pidiendo perdón por los pecados del pueblo, reconociendo su maldad, no basándose en su justicia; pero clamando a Dios por misericordia.

  • Daniel recibe de Dios la respuesta de acuerdo a su promesa

Sin lugar a duda Daniel había entendido la profecía de Jeremías, y dobla sus rodillas ante el Todopoderoso, y en medio de su confesión es interrumpido por el ángel Gabriel, quien con su presencia le asegura que Dios es fiel a su palabra; esto era de suma importancia ya que Daniel podría recibir, escribir y enseñar al pueblo si fuese posible dicha visión,  sin temor a ninguna duda; es así que el ángel  le confirma: “Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela” (9:23), nótese la respuesta inmediata, “al principio”,  Dios envía a su mensajero para hacer saber a Daniel los planes de Paz (Jer.29:11) que tenia para el pueblo de Israel.

 

IV. Anuncio de las setenta semanas a Daniel (Daniel 9:24)

  • Dirigida al pueblo de Daniel y su santa ciudad

En este marco de ruego y cumplimiento, Dios revela a Daniel el plan perfecto de paz que tiene para Israel, “Setenta Semanas”, es acá, que las escuelas de interpretación varían un poco sobre el significado del termino “semanas”. Eruditos como Young según cita Carballosa prefieren dar a esto un significado simbólico aunque expresa que el considerar a estas  años armonizaría mejor con el contexto[10]; por otro lado Grau también amileniarista expresa, usando sus conocimientos del hebreo que el original no dice semanas sino sietes literales[11],  aunque debemos de expresar que en su método de interpretación la ultima semana no es contada literalmente,  para poder hacerla calzar en su hermenéutica, donde expresa que se trata de un periodo indefinido de tiempo. Por otro lado, Pentecost, de la escuela premilenialista afirma que la palabra semanas significa siete[12].  Esto es de suma importancia para la interpretación de dicha profecía,  mas aun cuando hay casi total consenso sobre el término en la mayoría de los eruditos; por lo que las consideraremos como semanas de años, ya que hay el precedente de los 70 años de cautiverio, además tenemos precedentes en la palabra, como el que encontramos en Lev.25:8. También debemos notar que la profecía abarca dos entidades,  si las podemos llamar así: Tú pueblo sin duda Israel y tú santa ciudad, sin equivocación alguna Jerusalén.

  • Seis fines deben realizarse para su fiel cumplimiento

La profecía tiene seis fines que deberán de cumplirse para hacer veraz la misma. Estos podemos encontrarlos fácilmente en la narración: para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos” [13]; en este punto el amilenialista Grau expone “Los seis objetivos de las setenta semanas son todos mesiánicos y se cumplieron todos ya”[14], y añade que el sexto de estos, ungir  al santo de los santos se cumplió con el bautismo de Jesucristo. Pero revisando los hechos,  notamos  que estos no puede ser posible, a nuestro ver,  por las siguientes razones que nos da la escritura:  El pueblo judío no recibió a su Salvador,  a los suyos vino mas lo rechazaron (Juan 1:11; Mateo 23:37-38), claro está, que algunos si lo hicieron y recibieron perdón de pecados y justificación, pero no Israel en su totalidad, como nación, a como lo expresa la profecía;  así que vemos que en Israel no hubo ni ha habido  fe en Jesucristo para alcanzar perdón de pecados (Efesios 2:5-9), ni justicia (Romanos 5:1),  por lo que éstas se deberán de cumplir en el reino mesiánico cuando el remanente de Israel acepte a su salvador, a como lo expresa Pablo y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, Cuando yo quite sus pecados.”[15] . Además, el sellar la visión y la profecía es sin duda el hecho de que Dios dejará de revelar sus planes por medio de profecía, si bien es cierto, el canon está cerrado, pero aun en el futuro Dios dará profecía por medio de sus dos testigos, en relación directa con Israel (Apoc. 11:13) y luego de esto, en el cumplimiento de la profecía de Daniel se sellará la visión al ungir al Rey de reyes y Señor de señores. Por un segundo vuelva sus ojos al glorioso escenario que se está preparando para el reino milenial con Cristo como Rey, todo apunta necesariamente al cumplimiento de lo prometido a David, un reino eterno.

En relación con este punto Pentecost expresa:

  Las seis bendiciones prometidas están relacionadas con las dos obras del mesías: su muerte y su reinado. Las tres primeras tienen especial relación con el sacrificio del mesías, que prevé la limpieza del pecado de la nación. Las otras tres tienen especial relación con la soberanía del mesías, que prevé el establecimiento de su reinado la “justicia perdurable” solo puede referirse al reino milenario prometido a Israel[16].

Esta postura se apega más a los hechos que hemos observado en el desarrollo de la Historia, Cristo reinará sobre Israel, en la tierra que se le prometió a Abraham y en el trono de David, cumpliéndose así estos pactos pendientes con este pueblo.

 

V. Tiempo inicial y división de las setenta semanas (Daniel 9:25-26)

  • Tiempo estipulado para dar inicio a la profecía

A continuación, Daniel conoce el tiempo exacto, cuando Dios comenzará dicha profecía. Esta iba a dar inicio desde la orden para restaurar y edificar Jerusalén, se debería edificar la plaza y el muro bajo tiempos angustiosos; según la postura amileniarista esto se cumplió en el reinado de Ciro[17]  que leemos en Esdras 3:1-3; pero acá claramente notamos que hace referencia al restablecimiento del altar y el sacrificio, pero no de edificación de muros y plaza que si encontramos en el libro de Nehemías. Con respecto a esto Ryrie responde y explica:

Los amilenialistas tienen características comunes en su interpretación de Daniel 9:24–27. Estas incluyen: (a) el principio de las setenta semanas fue en 536 A.C. en los tiempos de Ciro, no (como dicen los premilenialistas) en 445 A.C. cuando reinaba Artajerjes. Esto tiene el efecto de hacer que los setenta sietes sean de duración imprecisa. (b) La semana septuagésima es toda la edad de la iglesia, no un futuro período de siete años de tribulación. Estas interpretaciones peculiares del amilenialismo surgen como resultado de no practicar consecuentemente la interpretación literal.[18]

 

Es por eso que en más razonable y para nuestro entender exacto, tomar como punto de partida el edicto dado en Nehemías (1:7-8) en él y en las narraciones de todo el libro que fue dirigido a reconstruir los muros y ciudad en tiempos angustiosos. Este debe de ser según vemos

el mejor punto de partida, a como Chafer[19] y Lacueva[20] lo sostienen.

  • División de las Setenta Semanas

Luego de saber cuando empezarían a contar estas semanas, Daniel conoce que estarían divididas en 7, 62 y 1 semana, que se centran en los sucesos, “la orden para restaurar y edificar hasta el Mesías Príncipe” (9:25b) habrá 7 semanas y 62 semanas = 69 semanas X  7=  483 años.  Entendámoslo bien, dos sucesos son bien claros: 1- se edificarán la plaza y el muro, 2- el arribo del Mesías Príncipe. Los primeros 49 años o 7 semanas pueden ser alusión al período que duro el terminar toda la obra en Jerusalén, y las 63 el período hasta la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén, un espectáculo sin igual según nos narra Juan: tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna!¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel! Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como está escrito: No temas, hija de Sion; He aquí tu Rey viene, Montado sobre un pollino de asna”[21];  todo el  espectáculo del recibimiento de Jesús era increíble y lleno de gran significado, “El uso de ramas de palmera tenía su origen en la fiesta de los Tabernáculos, pero se había asociado entonces con otras fiestas (13). Sacudirlas era una señal de honor para una persona victoriosa. El canto de Hosanna procede del Sal. 118:25, 26 que era uno de los que cantaban en la subida a Jerusalén. El título Rey de Israel muestra claramente el significado mesiánico del cántico. [22]

Este recibimiento glorioso cumpliría la profecía hasta la semana 69, quedando pendiente una semana; Ironside expresa al respecto: “… cronólogos capaces han demostrado que la crucifixión del Señor Jesucristo tuvo lugar inmediatamente después de la finalización de 483

años proféticos, de 360 días cada uno contados desde la fecha de la orden de Artajerjes” [23].

A continuación del cumplimiento de la profecía sobre el Mesías Príncipe, Jesucristo, la escritura nos narra: “Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones”[24]; sin ser conocedores elocuentes de la gramática, vemos que la expresión “Y después” señala  la continuidad de lo que se ha narrado, o sea el fin de la semana 62 que culminó con el Mesías Príncipe; entre la semana 62 (ver. 25) y la ultima semana (ver. 27), ósea en el versículo 26, se nos narra que habrá dos sucesos: 1-se quitara la vida al Mesías, 2- un pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario. Acá claramente se establece un paréntesis de tiempo no especificado en números, pero si bien claro, en que estos sucesos no ocurren ni en las semanas 62 ni en la última. Grau expone referente a esto: “las semanas constituyen un periodo continuo de tiempo y que es imposible separar, por espacio de siglos, la ultima de la penúltima semana[25]”. Esto en contradicción a sus creencias de que las primeras semanas son literales, y que contaron desde el edicto del rey Ciro hasta Jesucristo, donde hay una interpretación literal. Pero vemos, que al no querer aceptar la evidencia de un tiempo diferente, tienen que alegorizar la última semana; dándole un periodo indefinido de tiempo, tratando de hacer pasar a la iglesia como Israel, pueblos muy bien diferenciados en las escrituras (1 Corintios 10:32). Todo esto en contra de la misma enseñanza de Jesucristo sobre este periodo que es conocido como el tiempo de los Gentiles (Lucas 21:24).

Además, notamos, que el argumentar que esta enseñanza de establecer un paréntesis es errónea, aun cuando es claramente presentado en las Escrituras, y que cuadra tanto con los hechos históricos, y el testimonio uniforme de la Palabra de Dios, se nos hace ilógico de su parte. Esta interpretación es bien respaldada por la escritura a como Lacueva lo expresa:

Separar la semana 70.a de las otras 69 no es injustificado, sino que esta de acuerdo con todo el contexto de la profecía.  Separaciones similares pueden verse en Sal. 22:22-23; 34 (Comp. Con 2.a P. 3:10-12); 110:1-2; Is. 35:36; Os. 3:4-5; 5:15-6:1. El caso está, pues, justificado. Si no existiese tal paréntesis en cualquier lugar profético, no se podría hablar de cumplimiento literal de muchas profecías (contra las normas de una correcta hermenéutica), por cuanto los acontecimientos de muchas de ellas no se siguieron inmediatamente los unos de los otros[26].

Es en este periodo que calza la iglesia, que en el Antiguo Testamento no se ve referencia a ella, y que es mentada por primera vez por Jesús en Mateo 16:18, institución que seria usada para llevar a cabo el plan de Dios para con los gentiles, grupo importante que se debe de presentar ante el gran rey, descendiente de David (Apoc. 7:9), esto dando continuidad a las promesas hechas a Abraham, serán benditas en ti todas las familias de la tierra[27], punta a favor de que Dios cumplirá las demás promesas hechas a su siervo Abraham.  En este período de tiempo no pone fin al trato de Dios con Israel a como bien lo expone Chafer:

Estas interrupciones o intercalaciones, no comprometen en ninguna forma el propósito primario para dar cumplimiento a cada pacto de Israel…no comprometen en ninguna forma el propósito primario para con Israel en la tierra. Una demora que se presenta en la Escritura se explica con cuidado, no debe de interpretarse como una abolición del propósito original. Cabe hacer una advertencia aquí de que ninguna promesa divina hecha al pueblo escogido puede faltar a su cumplimiento (Ro. 11:29) [28].

Estos dos sucesos son bien aceptados por ambos grupos, el mesías que se le quita la vida es Jesucristo (Isaías 53:8) y el pueblo del príncipe que ha de venir, señala al general romano Tito, quien destruyó la ciudad en el año 70, cumpliendo lo también dicho por Jesús (Mateo 24:2). Lo que sigue del texto hace referencia al estado de guerra que ha tenido que sufrir Israel por toda su historia, aquí la frase “hasta el fin de la guerra duraran las devastaciones”.  En este periodo Israel ha tenido que sufrir grandemente, perder su tierra, pero no su identidad como nación. Sumemos a esto, que hemos sido testigos, al igual que todo el mundo, del suceso tan inesperado e increíble de su restauración como entidad política en 1948, cuando vuelve a surgir como un estado independiente, aunque no recibiendo la tierra en su totalidad. Éstas a la postre nos dan más pruebas, de que los pactos perpetuos de una tierra y un reinado no se han cumplido en Israel, y que necesariamente nos encaminamos a su cumplimiento en el reino milenial, con Cristo en el trono de David y con Israel poseyendo su completa heredad.

 

VI. Conclusión de las setenta semanas

  • Confirmación del pacto con Israel

El texto bíblico nos expresa: Y por otra semana confirmará el pacto con muchos”. Éste es otro

punto donde los A y Premilenialistas, no concuerdan, los primeros según Grau[29], piensan que el personaje que confirmará (confirmó para ellos) el pacto es Jesucristo y que éste es el pacto de Gracia, haciendo de la revelación algo pasado, confundiendo nuevamente a Israel con la iglesia. Además, como Lacueva expresa: “Los pactos del Señor con Israel son eternos, mientras que este pacto durará tres años y medio…”[30]. Dicha explicación tiene más peso, que cualquier otra, porque es Dios quien confirma los pactos. Referente a la persona que confirma el pacto. Sobre este punto Carballosa expone:

La persona que confirma el pacto en Daniel 9:27 no puede referirse a Cristo. (1) El antecedente mas cercano es “el príncipe que ha de venir”, en el versículo 27. (2) En ningún momento en el ministerio de Cristo confirmo el pacto ya existente… (3) Si Cristo confirmo un pacto en su primera venida, ¿Cuándo lo quebranto? ¿Quebrantaría Cristo un pacto que haya hecho?…[31].

 Estos argumentos son más creíbles que los del punto amileniarista, ya que, si analizamos lo expuesto por Grau, hace pasar a Cristo por mentiroso, cosa que es imposible de pensar y sostener, conociendo su carácter. Debemos de reconocer que este pacto tuvo que haber sido hecho con anterioridad para poder ser confirmado. Vemos que además se puede confundir con el nuevo pacto que se le prometió a Israel en Jeremías 31:31-34.  Este pacto se hará en un futuro y se cumplirá, según nos explica Chafer: por Jesucristo, “Cuando entre a su reino El hará un nuevo pacto con la nación que regirá su vida en el reino”[32]. Este pacto es el último que debe de cumplirse cuando Dios ponga sus leyes, no en tablas de piedra, sino en el corazón de Israel. Por lo que podemos argumentar que este pacto fue realizado y las escrituras no nos lo presenta, o que podría hacer referencia ha como algunos sugieren, al pacto que leemos en Isaías 28:14-15 y que es llamado pacto con la muerte. A nuestro ver se relaciona con Satanás, quien poseía el dominio de ésta.  Vemos entonces que todos estos datos nos explican, que el que firma dicho pacto, no puede ser Jesucristo, sino “el príncipe cuyo pueblo fue anteriormente el instrumento de la destrucción de su ciudad”[33]. (Ver Daniel 8:23; 11:36; 2 Tes. 2; Apoc. 13:1-10).

  • Comienzos de los dolores para Israel

Este pacto será quebrantado a la mitad de la semana; es aquí donde comienzan la gran tribulación, que podemos apreciar en Apoc. 1:2, la que fue profetizada por el Señor Jesucristo en Marcos 13:19, y “día de angustia para Jacob” (Jer. 30:7). Y “hará cesar el sacrificio y la ofrenda”. Este pacto conlleva a la traición y manifestación del que lo quebranta, en el mismo, a como Pentecost nos expone, estarán envuelta las siguientes cosas que llevarían a esos muchos a firmarlo: “…garantizará a Israel la posesión de su tierra y la restauración de su autonomía religiosa y política. Debe de entenderse como un falso cumplimiento del pacto Abrahámico” [34]. Implicando que este personaje se haga pasar por Dios. Esta persona es el mismo de Daniel 7:25, nótese el mismo periodo de tiempo y fin que se persigue, ir en contra de Dios y el pueblo santo.

Desde acá nos quedan tres años y medio que apuntan hasta el fin de las setenta semanas, hacia la manifestación del Rey soberano que aplastará al infame impostor, trayendo la consumación de lo que estaba escrito. Creemos  que en Daniel 7:26 se nos especifica la frase “lo que está determinado se derrame sobre el desolador”, con estas palabras: Pero se sentará el Juez, y le quitarán su dominio para que sea destruido y arruinado hasta el fin, [35], haciendo alusión a Jesucristo;  dando por concluida la profecía de Daniel 9, donde los pactos de Dios, tanto el Abrahámico, el Davídico y el nuevo pacto se cumplirán en Israel, al entrar el reino milenial, como nos hace ver Daniel 7:27 donde leemos y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, p cuyo reino es reino eterno,q y todos los dominios le servirán y obedecerán”.[36], aquí estableciendo el reino mesiánico de Jesucristo. Sin duda esta profecía la podríamos cerrar con las palabras de Juan en Apocalipsis 20:4 Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; b y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años”. Dicho cumplimiento exacto de esta profecía, nos debe de llevar a tener plena esperanza de que nuestro Dios y Salvador, cumplirá sus promesas, quien ha actuado, actúa y actuará a favor de su pueblo, quien vendrá y reinará por los siglos de los siglos, a Él sea la gloria por los siglos. Amen.

 

CONCLUCION

A través de todo este trabajo, hemos visto a Dios obrando grandemente en la vida del pueblo de Israel, y muy particular en la relación establecida por El en la visión dada a Daniel, y que tiene una relación estrecha con este pueblo y que apunta hacia la consumación de los tiempos en la persona de nuestro Señor Jesucristo en el reino mesiánico. A la vez apreciamos el hilo que va enlazando estos tres puntos, los que son conocidos como pactos. Estos, van armonizando el tema hacia el final de la profecía, cuando Dios dará su fiel cumplimiento. Así mismo, apreciamos la importancia del estudio de las escrituras, por parte de Daniel, el cual realizó de manera diligente, hecho que lo llevó a entender que el tiempo destinado a Israel estaba cerca, y que era necesario voltearse a Dios en sincero clamor. Producto de esta humillación, recibe la visión, que presentaría el rumbo de su pueblo en el plan profético de Dios. Igualmente, escudriñamos este tema, a la luz de las escuelas de interpretación amilenialista y premilenialista, sus formas de ver la profecía, su hermenéutica y posiciones, que al final nos ha llevado a una mejor comprensión del tema. Donde podemos deducir que el punto premilenialista presenta puntos más razonables a su favor, estableciendo de una forma clara y precisa el rumbo de la visión, por medio de un estudio histórico- gramático- literal.

Así que, creemos, que hemos podido establecer la relación vital de la profecía con Israel y el reino mesiánico. A nuestro ver, el carácter de Dios, es fundamental y céntrico, pues, es Quien va encaminando la historia hacia el cumplimiento de los pactos establecidos con Israel.  Se contemplaría una tierra y un reino perpetuo, un Rey soberano y eterno, y un corazón nuevo y perdonado, capaz de seguir a su Señor fielmente, con leyes escritas, no en piedras, sino en el mismo ser interior. Este ejercicio ha sido arduo pero fructífero, el aprendizaje incomparable, el corazón desbordante de esperanza, y una vida mas consiente del poder supremo de nuestro Dios.

Esta es la historia de Dios y su pueblo. Quien es el eje propulsor de los eventos, el establecedor de los pactos,  revelador de su tiempo y  consumador de su historia, quien al final de ella podrá ser contemplado en su gran esplendor, como rey soberano, por toda la eternidad.

No queda más que agradecer, y afirmar humildemente, que, en este trabajo, no pudimos explicar en detalles el tema, ni tampoco ampliarlo por la limitación del mismo, por lo que animamos a seguir investigando en otras fuentes, esperando que la lectura de en cuestión le haya acercado más a Dios. En todo esperamos que nuestros Señor Jesucristo sea el Glorificado, a el sea la honra y la gloria, por los siglos, Amen.

 

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[1]Charles C. RyriE,  . Teolog??a básica.  p. 510

[2]Ibid., p. 516

[3]1 Tes 5.20-22.

[4]Hch 17.11-12

[5] Pablo Hoff.. El Pentateuco.  P. 57

[6]2 Sm 7.12-14

[7]Carson, D., France, R., Motyer, J., & Wenham, G. Nuevo comentario B??blico : Siglo veintiuno. Jr 31.27-40.

[8]Nm 23.19

[9]Jr 29.14

[10]Evis L. Carballosa. Daniel y el reino mesiánico.  pp 176.

[11]José Grau. Escatología  I pp 101

[12]J. Dwight Pentecost. Eventos del Porvenir.   p. 186

[13]Dn 9.24-25

[14]Grau ,  opcit  ., p.103

[15]Ro 11.26-27

[16]Pentecost. op.cit .   p. 186

[17]Grau ,  op . cit  ., p. 104

[18]Ryrie,  op.  Cit.  P.  513

[19]Lewis S. Chafer, Teología Sistemáticap. 353

[20]Francisco Lacueva.  Escatología I p.  167

[21]Jn 12.13-15

[22]Carson, D., op.  cit.  Jn 12.12-19

[23]H.A. Ironside.  Estudios sobre el libro de Daniel pp. 124

[24]Dn 9.26

[25]Grau 108

[26]Lacueva. Op.   Cit.  p.  171

[27]Gn 12.3

[28]Chafer.  Op.  Cit.  p. 337

[29]Grau. op.  cit.  p.  107

[30]Lacueva. op.  cit . p.  172

[31]Carballosa.   op.  cit. P.  190

[32]Chafer. op.  cit . p. 320

[33]Ironside.  op.  cit.  p. 126

[34]Pentecost. op.  citp. 192

[35]Dn 7.26-27

p p 7.27: Ap. 20.4.

q q 7.27: Ap. 22.5.

[36]Dn 7.27

b b 20.4:  Dn. 7.9, 22.


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