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Como enfrentar enfermedades peligrosas según Dios

Escrito por el marzo 20, 2020

Ya muchos habían pronosticado que el mayor problema que podría afectar al mundo entero y ponerlo de rodillas, no serían guerras, hambres, conflictos muchos o la misma bomba atómica, ni siquiera un super asteroide que llegara a estrellarse en la tierra. Todas estas amenazas reales, pero, no son más peligrosas que un pequeño, microscópico y débil virus.

El problema radica, en que un virus tiene la capacidad de enfermar y matar a una región, un país o el mundo. Esto ya ha pasado y hoy está pasando ante nuestra vista. El corona virus, llego en el momento en que la globalización está en su máximo apogeo, en el momento mismo en que un virus puede movilizarse hacia cualquier parte del mundo en horas. Si, por loco que suene, por triste que sea, está pasando, no tenemos la cura aun y la incertidumbre nos está matando.

La pregunta del día es, ¿Como evitamos ser contagiados? Las máximas autoridades han dado sus consejos, que ya conocemos, pero quisiera que miremos que dice Dios en su palabra en “Como enfrentar enfermedades peligrosas”. Para ello examinaremos el capítulo 13 del libro de Levítico, donde Dios había dado orientaciones en cómo el pueblo debería de enfrentar la enfermedad de la lepra; pero enfocándonos en el resumen de la enseñanza que son los versículos 45 y 46:

Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡Inmundo! Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada.

I. Confirmación de la enfermedad. “Y el leproso en quien hubiere llaga”

Primero debemos de dar por sentado, que la lepra era en esos tiempos, altamente contagiosa, sin cura y con efectos catastróficos en las personas infectadas.

Dios le comunica al pueblo, como debería de comportarse con las personas que tuvieran o se sospechaba que tenían la enfermedad. Así mismo el procedimiento de observación, aislamiento y cuarentena.

Los primeros 44 versículos de Levítico 13 lidian con la forma en cómo debería de examinarse al leproso por parte del sacerdote. También da las indicaciones de cómo se debería de observar a una persona si esta no presentaba señales claras de la enfermedad. El aislamiento de la misma por 7 días, así como un protocolo de observación, fueron establecidos por Dios.

Nuestro versículo da un resumen de todo el procedimiento. el sin era primeramente dar por sentado que la persona tenía lepra “Y el leproso en quien hubiere llaga” al dar por sentado, comprobado por medio de la observación, el proceso comenzaba.

Esto es muy parecido a lo que hacemos en estos tiempos, una persona está enferma, se lleva a observación, por algunos días, para analizarla, hacer exámenes con el fin de dictaminar que tiene el paciente. Interesante que Dios ya había establecido ese principio.

II. Una señal visible externa para otros. “llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta”

Al haber establecido que una persona era portadora de la enfermedad, esta debería no solamente lidiar con la verdad de su condición, pero debería de tomar responsabilidades en pro de salvaguardar a todas las personas que estaban a su alrededor.

La persona infectada, debería de tener una marca externa que permitiera a los demás, darse cuenta de que él tenía la enfermedad contagiosa, que corría peligro y que se debería de apartar.

Este paso, nos explica un poco como Dios esperaba que las personas respondieran y tomaran responsabilidad con respecto a su condición. Tenían la responsabilidad de llevar vestidos rasgados y la cabeza cubierta.

Que efectivo fuera hoy, si el hombre pudiera en práctica un consejo como este. Imagínese como se frenaras las infecciones por V.I.H, ébola o tantas enfermedades de transmisión como el mismo corona virus. El poder responsabilizarse con la situación, garantizaba el bienestar de todo el pueblo.

III. Una declaración audible por el afectado. “y embozado pregonará:”

El siguiente paso, también es un acto de responsabilidad de parte del afectado, pero va más allá del tener una señal visible. La idea creo, apunta a que existirían situaciones por las que una persona no pudiera ver las vestimentas que el leproso portaba, tal vez porque era de noche, o porque alguien se acercó al leproso sin notarlo o tal vez había entrado por accidente a las cuevas donde normalmente estos vivían.

Sea cual sea haya sido el caso o situación, Dios había dado otra medida de protección para las personas no infectadas y que a la vez era responsabilidad de aquel no visto de decir: ¡Inmundo! ¡Inmundo! de algún modo, Dios esperaba muestras de gracia y de amor de parte del afectado quien a gritos debería de impedir a gritos que nadie se infectara.

IV. Separación de los demás. Cuarentena. “fuera del campamento será su morada”

La lepra en aquellos días era una de las enfermedades más temidas, por no tener cura y por lo que le hacía al cuerpo, pero además por las pérdidas que se debían de sufrir. Las perdidas eran de todos los niveles, pues Dios había establecido que aquella persona encontrada con lepra debería de abandonar la cuidad donde vivía.

Imagínese la situación, el sacerdote le dice que tiene lepra y ahora escucha: Fuera del campamento será tu morada. En un abrir y cerrar de ojos lo había perdido todo, su familia, su hogar, sus posiciones, su trabajo, sus amigos y la oportunidad de adorar a Dios con los demás.

La persona, debía de salir por voluntad propia fuera de la comunión de los suyos, tal vez para siempre. Ahora debería de vivir en una cueva con los demás leprosos. Ahora debía vivir de la caridad, de la caza de la dependencia de Dios mismo. Dios con esta medida, aislaba al afectado, con el fin de preservar a los demás.

Hoy con el caso más reciente del coronavirus, los gobiernos de toda la tierra de han dado cuenta, que separar a uno de los otros, a logrado ser la forma más efectiva de parar la propagación de la grave enfermedad que hoy nos tiene prácticamente de rodillas.

V. Reincorporación por sanidad. “Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo”.

Hasta el momento, debemos de reconocer que las medidas dadas por Dios tenían la intención de proteger al pueblo de Israel y además a todos los pueblos con quien ellos se relacionaban. El amor de Dios, su gracia era manifiesta no solamente para con su pueblo, pero además con todos los pueblos.

Sin embargo, aun existía la dolorosa verdad de los afectados, muchos viviendo en cuevas. ¿Había alguna esperanza para ellos? Bueno si la había, pues Dios mismo en el versículo que estudiamos da la posibilidad de una sanidad. “Todo el tiempo que la llaga estuviere en él” nos da la posibilidad que este pudiera sanarse.

Como la persona encontraba la sanidad, el texto no lo dice, en la soledad en que se esperaba estuviera, lo más posible es que desarrollara una relación más cercana con Dios, reconociera pecados en su vida o clamara por sanación y el Señor le sanara. Es increíble saber que en los momentos de quebrantamientos y soledad es cuando más los acercamos a nuestro creador.

Sin embargo, es posible también que en estos tiempos es cuando más le demos la espalda. Es en estos momentos de dolor y soledad en que podemos hacer dos cosas, reconocer que un virus nos muestra cuan débiles, frágiles y necesitados somos de Dios, o escojas darle la espalda, mi oración es que escojamos la primera.

Algunos versículos me vienen a la mente, todos de los labios del doctor Lucas, espero Dios habra nuestro entendimiento en ellos:

Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio. Lucas 4:27

Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, a los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí. Lucas 7 22-23

Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Lucas 8: 1-3


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