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Obstáculos que nos impiden amar a otros

Escrito por el abril 3, 2020

El llamado a amar al prójimo es algo que sabemos por las escrituras, que sentimos en el corazón al ver al necesitado, pero también es algo se debemos practicar. Muchos sabemos que hay que amar, sentimos el deseo de amar, pero nos estancamos en la práctica.

Todo cristiano conoce o debería de conocer cual es el gran mandamiento:  Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. (Lc.10:27). En muchos casos lo manejamos de memoria, sin embargo, la pregunta a contestar es: ¿Vivimos este mandamiento? Muchos contestaríamos que si, a la primera parte y tal vez no mucho a la segunda parte.

La realidad es que decir que amamos a Dios es fácil con los labios, pero esta parte del mandamiento está íntimamente ligado con la segunda parte del mismo versículo. El que ama a Dios lo demuestra amando a su prójimo.

En esta oportunidad estudiaremos el pasaje donde miraremos como el Buen Samaritano tuvo que enfrentar obstáculos grandes, antes de poder demostrar que el amaba a Dios por el amor que le mostraba al próximo. En la vida de este hombre notaremos que para poder amar al próximo hay que estar dispuesto a enfrentar los obstáculos que esto representa.

El contexto

Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? (Lc.10:25-29).

 Todos conocemos la historia, un interprete de la ley, conocedor de lo que Dios dice le pregunta a Jesús ¿Haciendo que cosa heredaré la vida eterna? La pregunta era la normal en los labios de un hombre como él, dispuesto siempre a discutir la Palabra, pero no a vivirla. Jesús responde diciendo haz esto y vivirás. Esto le puso inmediatamente en el problema que muchos enfrentamos en la vida cristiana, decir con los labios que amo a Dios, pero que no cumplo con mis actos amando al prójimo.

Este quiso justificarse con otra pregunta, ¿Quién es mi prójimo? Nuevamente Jesús le contesta, ahora usando una historia magistral. En el ejemplo usa a dos personas que a como el intérprete de la ley, conocían bien la Palabra de Dios, un sacerdote y un levita. Es el contexto de esas dos personas que encuentra a un hombre mal herido y casi muriendo que nos damos cuenta, que no solamente se necesita saber el mandamiento, pero, además, estar dispuesto a saltar los obstáculos que representa el vivirlo.

I. El obstáculo del TEMOR.

Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo, un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Lc 10:30-33

El hombre que descendía de Jerusalén es casi probable que retornaba de su tiempo de adoración en el templo, había llegado a la cuidad a cumplir su deber con su Creador. Sin embargo, en su retorno, fue asaltado en los caminos pedregosos, empinados y lleno de ladrones de Jericó.

El varón según el relato quedó mal herido, casi desnudo, despojado de todo y al borde de la muerte. Este hombre necesitaba de alguien que amara a Dios, amando al prójimo. Es en medio de esta desgracia, que aparece nuestro primer personaje, el sacerdote. Quien mejor que él, es posible que el moribundo lo escucho alabando a Dios, pues este sacerdote recién había entregado su turno en el templo y retornaba a casa a ver a su familia.

Sin embargo, notamos que no es suficiente el saber que Dios nos llama AMAR AL PROJIMO, que no es suficiente el saber. ¿Se imaginan la alegría del hombre al abrir sus ojos y notar que allí estaba la máxima autoridad de amor y conocimiento? Sin embargo Jesús dice que éste:  “Viéndole  paso de largo”… Visualizó al herido, escucho su dolor, pero salió corriendo por el camino.

Algo parecido le paso al Levita, este también había terminado sus labores en el servicio a Dios, levanto las ofrendas, canto cantos al Creador, pero no pudo cumplir con el mandamiento cuando las circunstancias se lo demandaron, por que el maestro dice de el: Asímismo, un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo”. El texto nos dice que este hizo una sola cosa diferente al sacerdote, se acercó más al prójimo, pero con la misma reacción.

La pregunta es: ¿Por qué reaccionaron así? Creo que la respuesta es obvia: TEMOR. Si, había la gran posibilidad de que los malhechores estuvieran esperando a su próxima víctima. La trama sigue, pues Jesús agrega Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia”(Lc 10;30-33) Hay muchos comentarios que se podían hacer, el primero es, que esta persona llamada Samaritano, era considerado enemigo de los judíos, segundo que este era un laico, una persona ordinaria, tercero que va a Jerusalem pues va en sentido contrario, cuarto que tiene dinero por todo lo que hace, quinto que algo paso que no paso en los dos personajes anteriores, fue movido a misericordia.

Es importante entonces notar, que el amar al próximo es algo que sabemos por el mandamiento, pero además algo que sentimos en el corazón, al ser movidos a misericordia. Por último, notamos que el Samaritano logro vencer el primer obstáculo el obstáculo del TEMOR.

II. El obstáculo del TIEMPO.

Hasta el momento, el Samaritano ha logrado hacer lo que los demás no pudieron. Sin embargo, el siguiente obstáculo que debería de enfrentar era el del tiempo, porque este varón si que invierto tiempo.

Alguien dijo que los cristianos fallamos al no poner al servicio de la iglesia, nuestros dones, nuestros talentos, nuestras finanzas y nuestro tiempo. Si haz sido líder en una congregación, ¿te darás cuenta que una de las más grandes excusas que tenemos para no servir es la falta de tiempo? No tenemos tiempo para nada, cuanto mas para pararnos a ayudar a un moribundo que consideramos enemigo.

Pero, Jesús nos hace ver que este varón, tomó la decisión de invertir tanto tiempo, que estuvo con él, lo curo, lo llevo a Jerusalén, lo cuido un día. Todo esto, iba en contra de los negocios, intereses, planes, deseos y metas que tenía para su vida. Pero, cuan poderoso puede ser que invirtamos tiempo en los demás.  No obstante, hay veces que las personas, no necesitan nuestro dinero, ni nuestra ayuda física, pero si necesitan que le dediquemos tiempo. Pero cuán difícil puede ser para nosotros hoy el invertir tiempo en los demás.

El Samaritano logro vencer el obstáculo del tiempo, pero ahora le esperan muchas sorpresas que también debería de enfrentar.

III. El obstáculo de la INCAPACIDAD-ESFUERZO.

y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de Él. Lc 10:34

El temor fue el primer obstáculo a vencer, y notamos rápidamente que no había nada que temer. Pero ahora al estar cerca, lo que tenemos al frente no es algo al que el personaje seguramente estaba acostumbrado, un hombre herido, sufriendo, desangrándose y caminando a la muerte.

Muchos nos quedamos allí, porque nos enfrentamos ahora al obstáculo de la INCAPACIDAD. Ese enemigo interno que te dice que tú no puedes, que eres incapaz de hacer algo así, que no estas equipado para tan semejante tarea y que lo mejor será llamar a los entendidos en la materia. Pero la verdad es, que no había tiempo, no había la forma de buscar a alguien, no había teléfonos y personas en la mira. El Samaritano entonces comienza a hacer lo que mejor entendía.

Al ser un hombre pudiente, ¿se imaginan todo lo que hizo sin estar acostumbrado? Vendó sus heridas, ósea lo tocó, se llenó de sangre, tomó lo que estaba a mano y era común en la maleta de un viajero, le echo aceite y vino y ahora se dispuso a levantar y montar en su bestia de carga a éste hombre que no iba a colaborar por su condición. Todo fue algo distinto, inusual, raro, pero necesario si es que queremos cumplir el mandato de amar a nuestro próximo.

IV. El obstáculo del DAR.

Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese ( Lc 10;35).

Muchos estamos dispuestos a ensuciarnos, a dar nuestro tiempo a correr el riesgo, pero cuando llegamos al tema de las finanzas fracasamos en el amor a lo demás. Bien dijo un hermano que se iba a bautizar, pastor me quiero bautizar pero no estoy muy seguro que quiera bautizar a la billetera.

El buen Samaritano se topó con la realizad de que no iba a ser suficiente con darle de su tiempo, o de sus palabras de aliento, había que invertir y desde el primer momento lo hace con una naturalidad que me es bastante difícil encontrar. Notemos todo lo que invierte financieramente;

  1. Lo vendo, lo único que podemos decir acá es que no caminaba con vendas, tuvo que romper alguna de sus vestimentas.
  2. Le puso en el cuerpo aceite y vino.
  3. Lo llevo a un mesón, ósea lo llevo a un hotel.
  4. Saco dos denarios, el salario de dos días
  5. Pidió que se lo cuidaran y que cualquier gasto estuviera a su cuenta.

Me pregunto, si hubiera sido yo, hasta donde hubiera llegado con mi capacidad, pero sobre todo con mi deseo de dar. El Samaritano, era muy conocido y respetado en Jerusalén, pues con toda libertad pide que cuiden al herido y que le habrán una cuenta crediticia en su nombre. Este hombre había aprendido que nada trajimos a este mundo ni nada nos llevaremos. Había logrado vencer en su vida el obstáculo del dar.

Mi pregunta es ¿Cómo estamos en este particular? Dar es algo que debería de ser característica en la vida de un cristiano, que ha recibido tanto de Jesús.

V. El obstáculo de la MILLA EXTRA.

y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.( Lc 10;35 b)

No podemos terminar estos comentarios, sin analizar un poco las últimas palabras del Samaritano en la historia de Jesús, pues tal vez sea el obstáculo en el que mas fallamos. Lo he llamado, el obstáculo de la milla extra. Si, ir más allá de lo esperado.

Es increíble leer por todo lo que el hombre tuvo que pasar para expresar amor verdadero. Ponerse en peligro, perder su tiempo, hacer un esfuerzo increíble, invertir su dinero. ¿No era suficiente con haberlo llevado al mesón? Parece que, para el Señor Jesús no!! Casi fuera seguro, que si yo hubiera estado en esa situación, me hubiera sentido satisfecho, pero Jesús nos quiere ensenar que hay situaciones donde nuestras expresiones de amor tienen que ir más allá de lo común.

Este hombre, había hecho mucho, pero quiso ir más allá de lo esperado, le abre una cuenta, que el esta dispuesto a pagar cuando regresara y ver como avanzaba la recuperación de aquella persona. Todo argumento que se nos venga a la mente cae con esta historia, podríamos decir que ya le hemos ayudado, que ya hemos invertido, ¿Pero que tal si Dios nos esta pidiendo de ir más allá de lo que nosotros consideramos suficiente?

Conclusión

¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo. (Lc. 10 36-37).

La historia nos a mostrado que no es suficiente saber el Gran Mandamiento, que es necesario practicarlo, sobre todo en el amar al próximo. Jesús concluye la conversación con el intérprete de la ley, con una frase que debería de callar lo más profundo de nuestro ser: Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.

Es bien cierto, que no podemos ir al cielo por las buenas obras que hagamos, esa es la conclusión de Jesús en la historia, pero también es cierto que fuimos salvos para buenas obras. Hay algunas cosas pueden estar pasando en nuestras vidas si nos cuesta amar al próximo:

  1. En primer lugar, el problema tal vez es que no hemos nacido de nuevo y la naturaleza de Dios no está en nosotros, por lo que es imposible amar al próximo como Dios pide.
  2. En segundo lugar, ¿será que nuestra relación con el Señor esta tan apagada que no podemos dar los frutos que Dios espera? Bien dijo Jesús: Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” Juan 15:5.
  3. Por último, tal vez hemos nacido de nuevo y tengamos una relación estable con Cristo, de oración, lectura de su Palabra, pero nos hace falta poner por obra su Palabra, nos hace falta brincar los obstáculos que se nos presenten en la vida.

 

Dios nos ayude.

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